Cárcel de Torrero

La cárcel del barrio de Torrero fue inaugurada en plena Dictadura de Primo de Rivera, en octubre de 1928, inauguración a la que asistió el Dictador (se adjunta noticia en prensa).

La cárcel venía a aliviar la situación de hacinamiento en los espacios penitenciarios de la ciudad, ya que la cárcel de Predicadores no estaba preparada para el número de presos que albergaba y a veces se tenía que recurrir a la antigua prisión medieval situada en el castillo de la Aljafería. Las primeras décadas del siglo XX fueron décadas duras caracterizadas por las luchas sociales y la violencia, a pesar de esta nueva cárcel se tuvo que seguir recurriendo a las viejas prisiones debido a la gravedad de muchas de las insurrecciones que plantearon los vecinos de Zaragoza. También durante la Guerra y principios de la Dictadura, la gran represión franquista hará que se tenga que usar la cárcel de Predicadores, es este caso para las presas republicanas.

La cárcel de Torrero está vinculada a la represión de los movimientos revolucionarios, en especial los anarquistas. Durante más de 70 años, por la prisión pasaron presos comunes y miles de presos políticos. En 1931 acogió a decenas de hombres detenidos por toda la provincia por intentar sumarse a la insurrección que Galán y Hernández lideraron desde Jaca. Especialmente virulenta fue la represión de la “huelga revolucionaria” de diciembre de 1933, con epicentro en Zaragoza y que no sólo produjo decenas de detenidos durante los 7 días en que se produjeron altercados, sino que la represión y las detenciones se prolongaron durante varias semanas, dando lugar a un gran problema de hacinamiento en la prisión por lo qué fue necesario usar la Aljafería para dar cabida al importante número de detenidos. Otro momento de gran protagonismo de la cárcel de Torrero fue en octubre de 1934, cuando tras el fracaso de la “huelga revolucionaria”, esta vez de tendencia socialista, cientos de personas, hombres y mujeres fueron detenidos. En noviembre de ese año, casi 400 personas se hacinaban en una cárcel construida para no más de 160 personas. La Guerra Civil será el contexto para un escenario cruento entre los muros de esta prisión, donde miles de presos serán ejecutados en las tapias del cementerio cercano e incluso en el interior de la prisión se ejecutó a presos a “garrote vil”. Todo ello se relata en la obra de Gumersindo de Estella se refiere a este Cuartel en su obra “Fusilados en Zaragoza 1936-1939. Tres años de asistencia espiritual a los reos.”En esta obra, Gumersindo da cuenta del hacinamiento:

“Por aquella época gemían en la cárcel de Zaragoza cinco mil doscientos hombres y ochocientas mujeres, en una cárcel construida para doscientos cincuenta. En muchas celdas individuales estaban encerrados dieciocho presos.”

Durante la Dictadura por sus celdas pasaron destacados dirigentes sindicalistas y políticos, miles de simpatizantes y militantes de partidos políticos y sindicatos de izquierda, cientos de maquis, que fueron detenidos en el monte durante los años 40, homosexuales, que eran encerrados a través de la Ley de Vagos y Maleantes, y cientos de personas. Ya en los años 90 los insumisos fueron los protagonistas de otra gran lucha social que llevo hasta esta cárcel a decenas de ellos, en algunos casos con resultados muy negativos como la muerte de Kike Mur. Sus compañeros insumisos en la cárcel describen lo ocurrido en el libro “Zaragoza Rebelde”:

“Enrique Mur, Kike, que ya había cumplido la parte de la sentencia que le daba también derecho a la condicional, seguía cumpliendo condena por un parte continuado al negarse a hacer las brigadas de limpieza de fin de semana (parte que acumulamos muchos de los insumisos presos) y además tenía el horario restringido con lo que, mientras los demás sólo íbamos al talego a dormir, Kike tenía que acudir al mediodía a comer y luego regresar antes por la noche. (…)Unos fuertes gritos nos despertaron poco antes de las dos y cuarto de la madrugada. Son algo intrínseco a los muros de la cárcel y te puedes llegar a acostumbrar a oírlos desde la cama, así que la alarma no saltó hasta que Javier abrió nuestra puerta avisándonos de que Kike estaba muy mal, que había sufrido un ataque. De inmediato salimos al pasillo donde algunos presos habían acudido igualmente alarmados y entre varios sacaron a Kike, inconsciente, de su celda (…)Javier intentó a su vez acceder al teléfono público del pabellón para llamar a urgencias y el funcionario se lo impidió con un contundente “¿pero dónde te crees que estás?, aquí no se hacen así las cosas”.(…) A las tres y veinticinco ( 1:1º después de encontrar a Kike) apareció la uvimóvil de bomberos y entraron dos ATS provistos de guantes de goma que le tomaron el pulso, miraron sus pupilas y solicitaron una camilla. Como no cabía por la puerta entre varios lo sacamos a la calle y al depositarlo en la camilla el funcionario jefe de servicio frenó la carrera hacia la ambulancia, entorpeciendo la labor del personal sanitario, para tomar las huellas de Kike, procedimiento habitual cuando un preso sale de permiso(…)El 9 de diciembre de 1997 se recibió el resultado de la autopsia donde se apuntaba que la muerte fue por ingestión de arsénico, accidental o conscientemente, concentrándose en sangre en niveles superiores a una intoxicación aguda (…) Las denuncias presentadas por los presuntos delitos de omisión del deber de socorro e imprudencia profesional fueron sobreseías.”

La cárcel fue empezada a demoler un 18 de julio de 2005.
Gumersindo de Estella nos describe espacios de la cárcel y alguno de los crímenes que en ella fue testigo:

“E inmediatamente se abrió la pesada mole férrea. Atravesamos un patio, pasando un puentecillo que se extiende sobre el foso; y llegamos a otra puerta de hierro con verjas. Un funcionario, al vernos, la abrió antes de que llamáramos. Y ya estábamos en un vestíbulo, planta baja. A la izquierda veíase la puerta de la sala de los jueces. En frente, la puerta que da acceso al interior de la cárcel. A la derecha, tres puertas más; una es del locutorio de abogados; otra de salita de identificación, otra de la escalera que conduce al departamento de mujeres reclusas. Yo entre en la sala de jueces que se había convertido en capilla. En la pared sobre la mesa de altar había un retrato de Franco y debajo de este un crucifico y a ambos lados, dos velas.”

Una de las formas de tortura y ejecución más crueles era el “garrote vil”, método que estuvo vigente en el estado español hasta 1974 con la ejecución del anarquista Salvador Puig. Las paredes de Torrero también fueron testigas de la brutalidad de este método:

“Y le toco el turno al de Castelserás. Salimos de la capilla (…) doblamos la esquina del edificio de la cárcel. Allí vi una silla. Detrás de ella un poste; y en el poste el artefacto del garrote vil colocado a la altura del respaldo de la silla. A una seña del director, sentose el reo. Metió la cabeza entre las cuatro barras de hierro brillante y engrasado. El verdugo, que esperaba detrás de la silla, le cubrió el rostro con un pañuelo (…) El reo había sido atado al poste con una fuerte correa ancha. El verdugo se echó con fuerza sobre el manubrio doble. Al girar éste, la barra que estaba en contacto con la nuca del infeliz reo se deslizó hacia delante con violencia, sujeta entre dos planchas laterales. La garganta crujió, como si se preparara para echar saliva. El cuerpo del infeliz trepidó. El cuello quedó reducido, casi al instante, al tamaño de un par de centímetros, pero largo por ambos lados a izquierda y derecha. Y …el reo quedó inmóvil y en silencio lúgubre. La cara la tenía amoratada. La lengua que salía de la boca varios centímetros, estaba negra. Y negras iban quedándose las extremidades de los dedos de ambas manos. De los dos lados del cuello brotaron algunas gotas de sangre con grasa por haber reventado la piel y tiñeron el hierro fatal.

Para que acabase de morir lo tuvieron en el garrote sin aflojar la barra, unos trece minutos”

Esta víctima que se apellidaba Martín no fue la única ejecución a la que asistió el padre Gumersindo, que también detalla la de un preso de Tarragona llamado Estaban García Solanes. El libro de Gumersindo es la descripción de la barbarie de la máquina represora franquista y cuenta decenas de fusilamientos como el que relatamos a continuación. La labor de Gumersindo era conseguir la confesión de los ejecutados para lograr su salvación divina y su diario muestra la preocupación por conseguir dicho objetivo, dividiendo en su diario a los que aceptaban la confesión de los que se mantenía fieles en sus ideales hasta el final. Para conseguir este objetivo, el padre Gumersindo llevó a cabo actos que son poco éticos como en el caso del vecino de Castelserás relatado anteriormente. Martín estaba concentrado en escribir una carta con unos versos de despedida a su madre, pero no recordaba los versos, concentrado en buscar dichos versos dejaba pasar el tiempo sin confesarse ante la preocupación de Gumersindo al ver que se acercaba la hora y no se había confesado, Gumersindo hizo traer de su convento a un fraile que conocía el pueblo de Martín, y con las siguientes palabras exhortó al reo a dejar la carta y a confesarse;

“Déjate de cartas. Yo no puedo conseguir que un buen cristiano de mi pueblo se vaya al otro mundo sin confesión. ¡Hala¡!Siéntate aquí¡ Pronto, pronto. Qué los guardias necesitan su tiempo.”

Gumersindo y su compañero consiguieron la confesión, la madre de Martín se quedó sin los versos de despedida de su hijo.Artículo Heraldo de Aragón

https://www.zaragozamemoriahistorica.com/wp-content/uploads/pdf/ROLLO_547_02.pdf